Edición digital - Corrientes Sabado 20 de Julio de 2002 INTERIOR
UNA TRAVESIA RELIGIOSA
Itatí y Caá Cupé sellaron el encuentro en medio del Paraná

Cuando la Prefectura parecía tener las cosas bajo control, una inesperada decisión dejó a la lancha en la que nos desplazábamos en el único nexo (vía radial). Desde Argentina querían que aminoren la marcha, pero las embarcaciones con bandera paraguaya no contaban con radio para enterarse de los acontecimientos. Finalmente, en medio del río se coordinó el emotivo encuentro.

Por WALTER ALDERETE De La Redacción

HERMANADAS. La bandera paraguaya flamea en aguas argentinas en el encuentro mariano que hermanó a dos naciones.

Poco antes de llegar a Itatí, cuando la Basílica asomaba en medio de un manto nebuloso que reducía la visibilidad, una comunicación radial con la Subprefectura de Itatí desde la lancha en la que nos desplazábamos, nos anunciaba que a las 15.30 se realizaría la peregrinación náutica para sellar el encuentro entre las imágenes de Nuestra Señora de Caá Cupé y la de Itatí que saldría a su encuentro. Recién eran las 9 y hacía una hora habíamos partido de Paso de la Patria para participar de esa manifestación de fe, una de las pocas que durante el año logra la integración de dos pueblos.

En la costa itateña se palpitaba lo que vendría, y la advertencia de la Prefectura era que todas las lanchas estén listas para partir a las 13.30. Mientras tanto, había mucho para ver y recorrer. Stand de todas las variedades. Ruidos de sirena de la Policía que se abría paso en medio del gentío para apresar a algún carterista, miles de imágenes de la Virgen que se vendían a un valor que variaba según el tamaño, gente exótica en su vestimenta. Mucho para ver. Y los más... los feligreses que se abarrotaban en la entrada a la Basílica, abriéndose paso unos contra otros para llegar hasta los pies de la imagen milagrosa, a Quien le agradecían los favores entre sollozos y súplicas. Se oficiaban misas a toda hora a lo largo de la jornada.

Luego de salir de allí nos dirigirnos otra vez hacia la costa, donde almorzamos. Era poco antes de las 13 y por la falta de un lugar con sombra se decidió cargar todas las cosas en la lancha y buscar el refugio en la vegetación de alguna isla. Nos acompañaban dos embarcaciones más, que eran también de Cabaña Don Julián. La nuestra tripulaba Pedro Vasque, junto a su mujer Ana Revolero, y dos de sus hijas, Adelaida y Alejandra. Tres de sus nietos también se sumaban a la aventura: Leticia, de 3 años; Franco, de 9; y Luca, de 11 meses.

Nos metimos por el paso Itá Corá, un sinuoso y angosto riacho a través del cual zigzagueábamos para no atropellar troncos que se asomaban perezosos en la superficie y que amenazaban con dañar la hélice del motor. Otra dos embarcaciones venían detrás, y pudimos apreciar que se había sumado una tercera... luego una cuarta. Eramos conscientes que navegabamos por aguas paraguayas y el solo hecho de saber que del otro lado se vivía un estado de sitio nos amilanaba un poco los ánimos. Pero de todas maneras avanzamos, y en la desembocadura nos encontramos con la procesión que lentamente avanzaba hacia nosostros. Pedro tomó la radio y de inmediato avisó a la base de la Prefectura por el canal 12. El encuentro se adelantaría. Desde el otro lado le contestaron que trate de retrasar un poco hasta que llegue el obispo (Salvador Castagna). Por la radio se escuchó también cómo el anuncio que emitimos se convirtía en una orden que corrió como reguero de pólvora. Una treintena de lanchas con banderas paraguayas, repletas de feligreses se aprestaban al encuentro. Cuando ingresaron al canal principal aumentaron su velocidad. La lancha capitana (donde iba la imagen de Nuestra Señora de Caá Cupé) era escoltada de un lado por una banda de música que no se despegaba y del otro por varias embarcaciones menores. Resultaba difícil acercárseles y los gritos para que aminoren la velocidad no llegaban a destino. Mientras tanto, la Prefectura nos exigía que avisemos la situación. Había nerviosismo. Tal vez nuestros rostros desesperados fueron los que apiadaron a los cercanos seguidores que nos dieron paso hasta que nos acercamos muy cerca del sacerdote. Le explicamos qué ocuría en la costa argentina y de inmediato levantó un brazo para detener la marcha. La misión estaba cumplida. Desde el medio del río se veía cómo se aglutinaban las personas en la costa para el "programado" encuentro. Era alrededor de las 13.25 y una lancha desde la costa itateña dejaba una estela detrás suyo y a toda marcha avanzaba hacia nosotros. Sólo buscaba sumarse. Luego de una espera que se extendió por unos diez minutos, más de 30 lanchas salieron juntas desde la costa argentina y el espectáculo era asombroso.

En una embarcación oficial de la Subprefectura estaba la imagen de Nuestra Señora de Itatí. El enlace pronto se produciría y los feligreses intercambiaban saludos con banderas argentinas y paraguayas. Desde la nuestra les arrojamos una gorra en señal de hermandad que fue correspondida por la banda con un Kilómetro 11 que despertó miles de sapukay entre el gentío.

Los sacerdotes intercambiaron palabras, y las dos imágenes avanzaron juntas hacia la Basílica. La costa estaba llena de religiosos, curiosos y laicos que aguardaban la llegada de las imágenes de la advocación de María. El arribo fue sin dudas uno de los momentos más emotivos que se vivió en esa jornada donde se celebraba la 102 Coronación Pontificia de la Virgen Morena.

 

     
     
   
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